Fin del verano

La luz perdida del verano se fija en nuestros párpados. El verdor, la suavidad del aire, la caricia del contorno celeste, todo llega en forma de recuerdo, partiendo desde el instante mismo de su llegada. Más que fugacidad, el verano parece condenado a vivir en el pasado hoy mismo; es engaño, ilusión destinada a darnos ánimo, a volver soportable la fatiga, la vida en la oscuridad, los ojos desconcertados en las mazmorras. Mientras tanto, dejemos que la tarde nos toque con su ilusión, con sus mentiras y su dulzura. Olvidemos los látigos, el dolor en los huesos, el peso que curva nuestra espalda.

Author: Salvador Alanis

Escritor. Nacido en la Ciudad de México (1964). Vive actualmente en Toronto.

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