Parkinson dice
Jul 14th, 2009 by Salvador Alanis
Recordó que en los botes de remo, lo importante es integrarte al movimiento de los demás, dejando que el vaivén te dirija suavemente a cada boga. Cualquier discordancia provoca una disminución en la velocidad y por lo tanto una discontinuidad en el deslizamiento sobre el agua. pareciera que el bote ordena tus propios movimientos.
Nos dijo que siempre admiró a Mohamed Ali. Decía que su elegancia y contundencia eran coreográficas.
Entonces se obligó a ver sus pensamientos aparecer en una suerte de procesión, sin detenerlos, indiscriminados.
Y finalmente, dijo, por qué no dejar pasar también todas esas aglomeraciones de nuestra vida; los pensamientos que se atropellan tras nuestra frente.
Por la misma razón, los ventrílocuos le parecían aberrantes.
Creía en los arranques desesperados de la escritura y en los momentos e inspiración creativa. Decía que en ellos su pensamiento se disolvía con el flujo. Eso, afirmaba, no era un pensamiento muy original. Sin embargo esa marea le parecía desolada.
Nos dijo que sus sacudidas eran, de alguna forma una expresión de balance. El equilibrio expresado en un temblor corporal, incontenible.
Sus dedos paseaban por los pliegues del mantel. Caminaban entre los pequeños cuadros del estampado. También nos dijo que dudaba al ponerse su ropa. Llegó a pensar que las prendas no eran suyas o que habían sido intercambiadas por otras.
Nos dijo que lo único que buscaba era detener la sensación de caída, el sentimiento localizado en la boca del estómago cada vez que abría la puerta y cambiaba de habitación. Tan insoportable era quedarse inmóvil como desplazarse y sentir que el aire nuevo lo llenaba de tristeza. Siempre decía que le daban ganas de llorar, pero no lo hacía, acumulando la tensión a cada minuto. La caída era descontrolada, no forzosamente vertical sino errática y vertiginosa, sin que la perspectiva de choque contra el fondo valga gran cosa.
No podía evitar el miedo que le generaba la desaparición de su cuerpo, de alguna parte de él, al azar, como un brazo o el ojo derecho.
Entonces le parecían desconocidos los lugares que frecuentó en el pasado.
