La breve distancia

Él mira el río y lo olvida para siempre;
los recuerdos son la puerta de lo eterno.
El mundo conocido, sin rumbo, muere.
Para siempre el río arrastra las hojas
la corteza desprendida por el viento
la loza, una carta, una sábana,
se lleva la caída de los pétalos
y el derrumbe de los árboles frutales.
Su memoria en un manzano desprendido
vuelve a la niebla que baña la ladera;
la memoria del verano que regresa
a esas tardes destellantes de bañistas
que zambullen su calor en el verano;
su nado detienen en la misma orilla
donde siempre salen y vuelven de prisa
a saltar al punto que vio su partida.
Cada uno traslumbra su salto a la nada
sus rostros se ahogan en ciclo incesante.
La traza de un gesto que el cauce arrastraba
se perdió en el río en gozoso abandono.